lunes, 14 de marzo de 2011

Cometo el error de no querer compartir mis dulces.

Hace tiempo que no tenía una buena sensación de esas. Es una tincada, un poco más estable, pero una tincada al fin al cabo, de proa popa.
Para variar, vuelvo a confiar, confiada en que no me volverá a suceder lo que no quiero que suceda. Vuelvo a creer en los buenos momentos, en la simplicidad de las cosas, en el té con galletas, en las películas en casa, en la conversación eterna y en los mensajes de texto que comunican más que la hora de llegada.
Me emociono al límite de mojar mis nuevos anteojos, pero lo hago con gusto, los estreno porque lo que siento es amistad verdadera, o como se llame. Sí sé, que quiero que sea excepcionalmente eterna.
Y he ahí un nuevo error mío. Querer que todo dure hasta siempre.
Me pasa con los dulces, los libros, las películas y tal. Me pasa con todo lo que me da gusto, no quiero que termine jamás y además, hago pataleta cuando si sucede. Cometo el error de encariñarme con cosas y personas que quizás están destinadas a ir y volver, cometo el error de ser egoísta y celosa de todo. Cometo el error de no querer compartir mis dulces.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Galletas.

Ayer salí a comprar porque tenía unas locas ganas de comer galletas.
Compré la típica bolsa de galletas para indecisos, esas que traen de todo un poco.

Siempre empiezo por las galletas que más me gustan y es obvio, las rosaditas.
Pero luego pasa algo, me empiezo a comer las que menos me desagradan, las de vainilla.
Ya al final, termino comiendo las que no me gustan, las cafecitas con crema.

¿Ocurrirá lo mismo en otros aspectos de la vida?

¿Te empezarás a conformar con lo que tienes a mano?

domingo, 23 de enero de 2011

La noticia.

Los secretos no son mi fuerte.
Nunca lo han sido, ya sea porque no me pongo al corriente y no alcanzo a comentar la novedad o porque si tengo una pequeña noticia, no tiene más que ser escuchada, para salir automáticamente por mi boca.

Hace un tiempo me enteré de una noticia impresionante.

Es de esas noticias que no te dejan respirar.

Me enteré cuando estaba caminando por mi centro querido. O caminaba, o pensaba o respiraba, pero todas juntas no.

Es el primer secreto que es guardado, pero con dolor.

Quien debe enterarse sé que no lo soportará, querrá morir junto con los que lo harán y serán sólo recuerdos para mi. Recuerdos que están en mis manos en éste momento y desde hace tiempo.
No tengo la menor idea de sobre lo que debo hacer. Hay dos opciones.

Cuento la verdad, y le cago la vida a unas cuantas personas de paso.
No cuento nada y dejo que la vida y una eventualidad se las cague.
Por lo menos no seré yo.

Lo que sí sé, es que decida lo que decida, todo se irá a la cresta.

Me presiona las neuronas no poder solucionar ésto como hago con el resto de las situaciones. Me mata el saber la cantidad de personas que perderé y el dolor que se causará.

Tan solo me conformo con que ésto debe dejar una enseñanza.
Eso espero.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La elección de todos los días.

Ese día llegamos muy pocos, éramos solo cuatro.
De uno de nosotros salió la pregunta: Cómo interpretar cierto personaje.
Esa es la duda que todos tenemos ante una de las improvisaciones que él nos pedía.
Nissim nos respondió que encerramos dentro todas las posibilidades de personas que podíamos ser, que sólo debíamos buscarlo.

Quedé pensando hasta la mitad del camino a casa, a qué se refería con que todos tenemos las personalidades dentro.
Si esto fuese así hay algunas cosas que me preocupan.
¿Será entonces que dentro llevo a todos los personajes que he logrado interpretar? Entonces soy la copuchenta, la loca de mierda, soy lolita, la perseguida por la bola y tantas otras.
¿Será que en cada momento estamos frente a una elección? Creo que sí.
Estamos en cada instante eligiendo como actuar. Pensamos qué pasa si actúo así, qué pasa si actúo asá.
Quizás no lo pensamos y sólo actuamos.
Podemos elegir si hablar o no hablar, si responder o no hacerlo, si llamar o no, si mandar un mensaje o dejarlo para mañana.
Las piezas las movemos una y otra vez, la estrategia no es clara, pero sólo podemos definir las pequeñas batallas para notar el resultado días, meses o quizás años más tarde. Y aún cuando ésto es así, no creo ser capaz de distinguir cada una de mis decisiones.

Les digo a mis amigos que no sé. Les digo a mis amigos que las cosas me suceden por arte de magia. Les digo que si no fuese que el espacio me quiere, estaría muerta, porque no soy yo la que me mueve. Por eso me responden que ya estoy medio loca y uno de ellos me llama pajarita.

Capaz que sí lleve dentro a todos aquellos a quienes deseo representar.
Lo más probable que los deje salir en algún momento.
Pero lo que sí sé, es que no quiero elegir, quiero que ese algo me mueva, no quiero reprimir ni pensar en el después, solo quiero actuar.